Biografías sobre san Francisco de Borja

San_Francisco_de_BorjaEsta entrada es una breve recopilación de biografías sobre el santo-duque. El objetivo es mostrar un corpus breve pero útil para todo aquel que quiera estudiar una figura tan brillante como es san Francisco de Borja. Debo advertir que quizá esta lista podría ser ampliada con una búsqueda más exhaustiva.

Las obras que voy a enumerar fueron publicadas entre los siglos XVI y XVIII. Estos textos muestran cómo el interés por este personaje aumentó a partir de su canonización en 1671. Además, algunas biografías previas a su canonización lo proclaman como santo en un afán por conseguir este reconocimiento (sobre todo la orden jesuita). Es la misma estrategia que Matías de Bocanegra empleó al titular su obra Comedia de san Francisco de Borja en 1640.

Por otra parte, se observa cómo la imagen del protagonista va modificándose con el paso de los años y las biografías a partir de Ribadeneyra se alejan de los hechos históricos para mostrar el lado más espiritual de la vida de Francisco de Borja. No obstante, en todas ellas se aprecia la ejemplaridad del personaje y se ensalza como modelo de virtud.

A continuación presento el listado con las obras dedicadas a la vida del santo.

  1. Historia de la vida del P. Francisco de Borja, tercero General de la Compañía de Jesús, de Dionisio  Vázquez, 1586.
  2. Vida del P. Francisco de Borja, que fue Duque de Gandía, y después Religioso y III General de la Compañía de Jesús, del P. Pedro de Ribadeneyra, 1592.
  3. Vida del Santo Padre y gran siervo de Dios el B. Francisco de Borja, del P. Juan Eusebio Nieremberg, 1644.
  4. Compendio de la Vida, Virtudes, Santidad y Milagros de San Francisco de Borja, tercero Prepósito General de la Compañía de Jesús, de Gabriel Zelpo Serana, 1671.
  5. Epítome de las grandezas de San Francisco de Borja, Cuarto Duque de Gandía, y Tercero General de la Compañía de Jesús, del P. Francisco García, 1671.
  6. Epítome de la Vida, y Virtudes de San Francisco de Borja, Espejo de Santidad, en todos los Estados en que vivió, de mozo, casado, gobernador, viudo, religioso y perlado, del P. Martín de La Naja, 1671.
  7. Suma de la vida, virtudes y milagros de S. Francisco de Borja, del P. Juan Bautista Bosquete, 1671.
  8. El Grande a lo divino. S. Francisco de Borja, caballero, comendador y trece del Orden de Santiago, Caballerizo mayor de la Emperatriz, Marqués Primero de Lombay, Duque cuarto de Gandía, Grande de España, Bisnieto del Rey Católico D. Fernando, Tercero General de la Compañía de Jesús, de. P. francisco Santalla, [s. a.].
  9. La heroica vida, virtudes, y milagros del grande S. Francisco de Borja, antes duque quarto de Gandia, y después tercer general de la Compañía de Jesús, de Álvaro Cienfuegos, 1717.

Francisco de Borja, autopromoción de la Compañía de Jesús

Hace algunos meses estrené este blog con una entrada sobre Matías de Bocanegra y su producción literaria. Ahora, me gustaría hablar un poco sobre un aspecto de la comedia que compuso titulada La comedia de san Francisco de Borja. Me refiero al empleo del protagonista como un mecanismo de autopromoción de la Compañía de Jesús[1].

En 1640 se representó en el Colegio Máximo de san Pedro y san Pablo, en la Ciudad de México, la comedia escrita por el jesuita Matías de Bocanegra como homenaje al nuevo virrey de Nueva España, Diego López Pacheco. Dicha comedia representa episodios biográficos de Francisco de Borja.

Fue en 1953 cuando José Juan Arrom halló esta pieza. En el artículo[2] que publicó en Revista Iberoamericana, afirma la intención de cumplimentar al virrey como la función principal de esta pieza. A la hora de analizar la estructura de la obra se percata de que la acción dramática desaparece a lo largo de los tres actos hasta casi desaparecer. Para él, esto es un fallo de estructura, pero Frederick Luciani[3] lo interpreta como un recurso político.

San_Francisco_de_BorjaLa comedia se compone por una serie de episodios biográficos del santo tomados de la Vida de san Francisco de Borja del jesuita Pedro de Ribadeneyra. El primer acto transcurre con Francisco de Borja como noble y casado con Leonor. El emperador Carlos V lo nombra virrey de Cataluña por su lealtad. En este acto muere la emperatriz Isabel. Su cuerpo es trasladado a Granada custodiado por el propio Borja. Al observar el cadáver de la emperatriz antes de enterrarlo, el cuerpo, ya descompuesto, impacta al protagonista, quien promete dedicar su vida a Dios en el caso de sobrevivir a su mujer. Es su conversión el momento de mayor tensión dramática.

En el siguiente acto se muestra la ejemplaridad de Borja como virrey. Es curioso cómo el protagonismo recae en el bandolero Rocafort, quien ante la sola visión de Borja (“vencido de una deidad / que en tu rostro vi estampada”) se rinde. De familia noble se degrada socialmente por la educación tan laxa recibida en su juventud. A pesar de la compasión que siente Borja, como buen gobernante manda ajusticiarlo pues tiene un sentido de justicia desarrollado. Al morir Leonor decide dedicar su vida a Dios y se ordena jesuita.

El último acto, muestra al protagonista humilde y obediente dispuesto a trabajar con sus manos dejando así claro que ya no es un noble, sino religioso novicio. A pesar de que ha descendido en la escala social, su santidad va en aumento y acaba la obra con la anunciación de su futuro estado como santo.

La sucesión de cuadros biográficos anulan el clímax dramático, pero si atendemos al efecto que pretende conseguir Bocanegra, no es un fallo de estructura, sino un recurso dramático que acentúa las virtudes del protagonista. De esta forma Luciani defiende la intención política de la obra. La analiza como un “espejo de príncipes” que refleja cómo debe comportarse el nuevo virrey (de ahí la importancia del segundo acto que muestra su faceta como gobernante). Además, responde a la ideología jesuítica del príncipe cristiano en detrimento de los postulados maquiavélicos. Francisco de Borja posee las cualidades que se esperan del virrey. Por este motivo actúa como un perfecto “espejo de príncipes”. Esto hace que no sea relevante la acción porque la finalidad de la obra es mostrar un conjunto de cualidades políticas a Diego López Pacheco.

Al mostrar la vida de este santo, la Orden consigue promocionarse ante el nuevo mandatario, ya que no es por azar que se eligiera a Francisco de Borja, quien tenía en común la categoría social con el nuevo virrey. Ambos pertenecen a la alta nobleza, por lo que la comparación es muy adecuada. Dentro de la Compañía fue una persona muy ilustre. Llegó a ser el tercer Prepósito General y fue él quien introdujo a los jesuitas en Nueva España. Al representar su vida el efecto propagandístico se transforma en un buen mecanismo político.


[1] El sentido político de la obra lo desarrollé en el artículo publicado por el GRISO en formato digital: http://dspace.unav.es/dspace/handle/10171/22749. Forma parte de las Actas del I Congreso Internacional Jóvenes Investigadores Siglo de Oro (JISO 2011). En esta entrada resumo algún aspecto de su contenido.

[2] Arrom, J. J.,‘Una Desconocida Comedia Del Siglo XVII’, Revista Iberoamericana, 19 (1953), 73–103.

[3] Luciani, F., ‘The “Comedia De San Francisco De Borja” (1640): The Mexican Jesuits and the “Education of the Prince”’, Colonial Latin American Review, Vol 2, (1993), 121–141

El gran duque de Escalona

El título del post hace alusión a la obra El gran duque de Gandía. Esta pieza trata de la vida de san Francisco de Borja, al igual que la obra de Matías de Bocanegra, la Comedia de san Francisco de Borja. El día de su representación en el colegio jesuita de México (Colegio máximo de san Pedro y san Pablo) la principal figura era precisamente el duque de Escalona. Es decir, el virrey de Nueva España el año de 1640.

Por tanto, este día, el 18 de noviembre de este año, como conmemoración por su llegada, se había prevenido la comedia sobre el santo. La intención de esta obra fue mostrar al gobernante un modo de vida ejemplar. Y de esta manera tan sutil, y tan jesuita, se pretendía educar al virrey.

Pues bien, san Francisco de Borja, como es conocimiento de todos, antes de pertenecer a la Compañía fue un noble, cuyos títulos coinciden con los de nuestro virrey. Así se destaca en la loa que precede a la comedia:

Al más grande por duque, al de Escalona;
por marqués al primero, al de Villena;
por estirpe al más claro, al que encadena
de muchas en su sangre una corona;
al afable, al magnánimo, al que abona
cortos obsequios que su agrado llena;
al prudente en gobierno, en cuya estrena
aun los que espera México blasona,
como a quien debe de finezas tanto,
da un marqués, un virrey, un duque santo,
un grande en Borja, humilde Compañía;
que en aplausos de quien su amparo fía
a tal hijo el festejo es justo mande,
de un marqués, un virrey, un duque, y grande.

(vv. 49-62)

Si insistimos en esta coincidencia, la comparación establecida entre el virrey el duque santo es muy apropiada. Sin embargo, la realidad fue lo contrario. En la comedia, el protagonista Borja, asume sus responsabilidades aun cuando éstas le desagradan. Tal es el caso con el bandolero Rocaforte, uno de los personajes. El bandolero al narrar sus lamentaciones mueve al santo a la compasión, sin embargo tiene que cumplir la ley al condenarlo. Cuando se hace miembro de la orden, ante el trabajo manual, que cualquier noble rechazaría por honor, se hace cargo respetando el voto de obediencia.

Por su parte, don Diego López Pacheco, el virrey a quien se dirige este mensaje, pareció no percatarse del mismo. Durante sus dos años de virreinato, pues como ya se sabe tuvo que abandonarlo por cuestiones políticas, delegó sus obligaciones en personas allegadas. Esta información ha llegado a mí a través del libro Los virreyes españoles en América durante el gobierno de la Casa de Austria. México de Lewis Hanke. Cito:

Escalona fue el primer grande de España que ejerció el cargo de virrey en México. No tuvo un gobierno auspicioso, pues “el placer y la adquisición de riqueza eran lo que el virrey deseaba más entrañablemente”[1]. Sus amigos y cortesanos aceptaron muy conformes tomar a su cargo los asuntos administrativos.

Quizá, después de todo, el teatro como instrumento pedagógico es un buen método, pero no eficaz al cien por cien.


[1] Está citando a Bancroft.

“Mariposa en cenizas desatada”

Dice Covarrubias en su Tesoro que la mariposa es «un animalito que se cuenta entre los gusanitos alados, el más imbécil de todos los que puede haber. Este tiene inclinación a entrarse por la luz de la candela, porfiando una vez y otra, hasta que finalmente se quema». Sin embargo, hay moraleja en esta imagen puesto que «esto mesmo les acontece a los mancebos livianos que no miran más que la luz y el resplandor de la mujer para aficionarse a ella; y cuando se han acercado demasiado se queman las alas y pierden la vida».

La imagen del famoso verso gongorino -«mariposa en cenizas desatada»-, heredada del imaginario petrarquista[1], aparece en la Comedia de san Francisco de Borja como símil de la fugacidad de la belleza y, por lo tanto, de la vida. Leonor, esposa de Borja, exclama: “¡Qué importa, Flora, si luego/en el tiempo como en fuego/es la beldad mariposa!

El tiempo es para la belleza lo mismo que el fuego para la mariposa: la muerte. De hecho, Leonor pronuncia estas palabras poco antes de mirarse en un espejo que lleva su criada Flora. Al contemplarse se ve muerta y, con acierto, lo interpreta como un augurio de su propio final.

En esta ocasión la intención de Bocanegra al emplear el tópico de la mariposa es moralizante y educa acerca de la fugacidad de la vida, por lo que hay que valorar los aspectos importantes y no así la belleza, puesto que es pasajera.


[1] Caballero Porras, G. «“La mariposa en cenizas desatada” una imagen petrarquista en la lírica áurea, o el drama espiritual que se combate dentro de sí (1.ª parte)» en Estudios humanísticos. Filología, Nº 12, 1990, pp. 255-278

Matías de Bocanegra, autor de la “Comedia de san Francisco de Borja”

Nacido en 1612 en Puebla de los Ángeles, Matías de Bocanegra ingresó en 1628 en la Compañía de Jesús. No se sabe mucho sobre su vida, sin embargo su obra es más conocida. Sobre todo su famosa Canción a la vista de un desengaño. Según José Juan Arrom: “En los siglos XIX y XX tampoco le han faltado admiradores. Al contrario, a más de considerarse, por su valor antológico, una de las cien mejores poesías líricas mexicanas, ha merecido constantes elogios de la crítica”. En 1949, Jiménez Rueda, halló un manuscrito de una comedia cuyo título parece ser Sufrir para merecer. Entre estos papeles se encontraron numerosas imitaciones del poema del jesuita. Esta circunstancia hizo pensar que Bocanegra es el autor de dicha pieza dramática. Sin embargo, Arrom rechaza esta atribución puesto que para él la obra de teatro “deja fuerte impresión de que es obra posterior al siglo XVII”.

Evidentemente, esta discusión da lugar a un mayor número de argumentaciones. Sin embargo, para este estudioso lo más característico es al compararla con la Comedia de san Francisco de Borja. En cualquier caso, la obra lírica de Bocanegra es muy conocida y, como queda dicho, muy imitada a lo largo de los siglos. En palabras de Mercedes Serna “la crítica coincide a la hora de destacar de la extensa obra de Bocanegra la Canción a la vista de un desengaño, por las bellas imágenes, el noble lirismo, el carácter moral y filosófico, la fluidez de sus versos”, etcétera.

Por otro lado, su producción dramática es prácticamente desconocida. Queda claro que la pieza sobre la vida de san Francisco de Borja es de su puño y letra puesto que en la portada de dicha comedia aparece su autoría. Se trata de una comedia hagiográfica que se compuso para conmemorar la visita al Colegio Máximo de san Pedro y san Pablo del nuevo virrey novohispano el marqués de Villena (1640). Por lo tanto, la finalidad de esta obra es homenajear al nuevo gobernante. Sin embargo, esta comedia versa acerca de la vida del santo, por lo que se compone de episodios biográficos. El único problema que se le atribuye es el de la llamativa desproporción de la tensión dramática entre los actos, ya que va disminuyendo hasta desaparecer. No obstante, no es un fallo por falta de brillantez del autor, sino la intención de ir subrayando la santidad del protagonista, el gran duque de Gandía, san Francisco de Borja. Por lo que estamos ante una obra cuya intención, en palabras de Arrom, es grave y su forma cuidada. Además, goza de un hondo lirismo y una deslumbrante versificación.

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